Cuando la ansiedad llega

 Más que poder aceptar que convivo con la ansiedad es aceptar que hay días en los que no puedo ir al ritmo de la vida, días en los que me cuesta mucho ubicarme, Lunes que resultan siendo un poco tormentosos porque no encuentro la manera de poder acomodarme a ellos, no encajo a esa ruptura entre el fin de semana y los días de trabajo y muchas cosas por hacer, últimamente me está costando muchísimo todo, estoy soñando frecuentemente y ahora que he hecho un análisis de mis sueños me he dado cuenta que posiblemente tuve una crisis de ansiedad en medio de la noche, pues lo que parecía ser un sueño lleno de dolor físico en el pecho y en el corazón y mucha angustia, era cierto, porque es lo mismo que estoy sintiendo en estos momentos. A veces me cuesta conciliar el sueño, me cuesta mucho poder dormir y poder descansar, amanezco muy débil y con pocas ganas de todo. 

Cuando la ansiedad nos invade no nos avisa, pero si nos transforma, nos borra un par de sonrisas, a veces irrumpe y también se lleva la seguridad y la tranquilidad, cuando la ansiedad entra dejamos de hablar, nos volvemos más retraídos e inseguros, nos da miedo no saber qué decir ni cómo reaccionar, nos da miedo relacionarnos, nos da miedo ser el centro de atención en alguna pregunta o en algún comentario, soportamos el ruido pero no las reuniones con muchas personas, queremos estar acostados mucho tiempo y esperar a que pase y pase, ver le teléfono cuantas veces sean necesarias para poder olvidar un poco el dolor físico y emocional que se siente. 

Me da mucho miedo perder a quienes amo, me da miedo descuidar todo eso que tanto quiero por el temor de echarmelo a perder, me cuesta perdonarme y también soltar todo eso que llevo y que inconscientemente se aparece para interrumpir el transcurso de mi vida, a veces me siento bien conmigo y pienso que para los demás resulta siendo exactamente lo mismo, a veces siento que no puedo estar bien con lo que soy. No quiero sentirme sola cuando tengo alrededor personas que son apoyo para mi, que me quieren y están pendientes, no quiero sentirme sola cuando las cosas están difíciles, tampoco quiero sentir que lo que digo no importa y tampoco quiero seguir esquivando miradas o conversaciones por el miedo. La ansiedad es real y a veces pesa demasiado, ahora vivo con ella, ahora la acepto  y entiendo que debo trabajar mucho si quiero que mi vida continúe. 

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